Mi Familia
Mi familia es lo más importante en mi vida.
Mis hijos Damián, Moroco, Bruno,Franco y Mateo son la razón de mis principales desvelos. Ana por supuesto, mi esposa, mi compañera y madraza con quien el 17 de octubre voy a cumplir 30 años de matrimonio y vida compartida. Y ahora mi nuera Natalia.
Mi nieta Juanita realmente me ha cambiado la vida. La ví la semana pasada y está tan grande tan compradora que me derritió con sus monadas.
No me quejo, pero el vivir desperdigados realmente ha sido el costo más grande que he debido pagar por mi vocación política.
En el gobierno anterior salía los viernes para Concordia para ver a esposa y a Mateo. Y los sábados me iba manejando a Buenos Aires para estar los domingos viendo los partidos de Brunito en la Bombonera y el lunes a las 7 de la mañana estaba en las reuniones de gabinete. Muerto, por supuesto. Y eso lo hacía dos o tres veces al mes. Algunos decían que estaba loco.
Ver a mis hijos me inspira, me da fuerzas y refuerza mi compromiso con la gente y con la juventud.
Y además, se que son buenas personas y que jamás han presumido de nada, al contrario son alegres, vitales y humildes.
Estoy muy orgulloso de todos y de cada uno de ellos.
A mis dos hermanos también los amo con todo mi corazón.
Mis hijos Damián, Moroco, Bruno,Franco y Mateo son la razón de mis principales desvelos. Ana por supuesto, mi esposa, mi compañera y madraza con quien el 17 de octubre voy a cumplir 30 años de matrimonio y vida compartida. Y ahora mi nuera Natalia.
Mi nieta Juanita realmente me ha cambiado la vida. La ví la semana pasada y está tan grande tan compradora que me derritió con sus monadas.
No me quejo, pero el vivir desperdigados realmente ha sido el costo más grande que he debido pagar por mi vocación política.
En el gobierno anterior salía los viernes para Concordia para ver a esposa y a Mateo. Y los sábados me iba manejando a Buenos Aires para estar los domingos viendo los partidos de Brunito en la Bombonera y el lunes a las 7 de la mañana estaba en las reuniones de gabinete. Muerto, por supuesto. Y eso lo hacía dos o tres veces al mes. Algunos decían que estaba loco.
Ver a mis hijos me inspira, me da fuerzas y refuerza mi compromiso con la gente y con la juventud.
Y además, se que son buenas personas y que jamás han presumido de nada, al contrario son alegres, vitales y humildes.
Estoy muy orgulloso de todos y de cada uno de ellos.
A mis dos hermanos también los amo con todo mi corazón.